lunes, 24 de agosto de 2009

Willocks, Tim. "La Orden"

Terminar de leer esta novela que me ha mantenido ocupada varios días me ha dejado una vaga sensación de vacío (si no fuera porque estamos en Fiestas, el calor, el aburrimiento y la falta de calidad en la tele agrandarían bastante esa sensación). Así que escribiré sobre ella a ver si consigo captar la atención de algún posible lector.
La Orden a la que se refiere el título no es la del Temple, como yo pensaba, si no a la del Hospital de San Juan de Jerusalén (a la que también pertenecía Galcerán de Born, el protagonista de Iacobus, una de las obras de Matilde Asensi), integrada por monjes guerreros, los Hospitalarios.
Aclarado ésto, pasaré al libro en sí. Trata de una lucha entre los hospitalarios y malteses contra las hordas de turcos que intentaban conquistar la isla de Malta. Es decir, sobre moros y cristianos.
Por ayudar a una joven condesa a encontrar a un hijo bastardo arrebatado nada más nacer, y no por motivos religiosos o patrióticos, Mattias Tannhäuser (un alemán que fue secuestrado por los turcos en su niñez y que varias décadas después, tras abandonar a los jenízaros (la élite del ejército turco), se dedica negocios turbios, como el tráfico de armas), quien no debe fidelidad a ninguno de los dos bandos, se ve implicado en una guerra en la que no hay buenos ni malos y el héroe es un canalla. Una guerra en la que hay cristianos presentados como viles alimañas corruptas y turcos que son destacados por su sabiduría y nobleza. Una guerra cuyo campo de batalla es un infierno sembrado de cadáveres hinchándose al sol, vísceras, miembros amputados y boñigas de soldados que se cagan de miedo o de emoción. Soldados que, debido a las penurias de la guerra, son capaces de llorar ante un simple trarro de mermelada o una pieza de música. Y que mueren felices si una mujer les dedica una sonrisa mientras agonizan.
Pero no creáis que en esta historia sólo hay guerra. También traiciones y conspiraciones. Y por supuesto, amor y sexo. La condesa y su amiga se enamoran locamente de Tannhäuser, a pesar de ser un delincuente con dientes desiguales; y éste, a su vez, cae rendido ante la bondad, la belleza y el arte para tocar música de las dos mujeres, formándose así un triángulo amoroso. Y también hay un niño que, con su valentía e inocencia, se gana el corazón de los personajes. Especialmente el de la condesa, que resulta ser su madre; y el de Tannhäuser, quien se convierte en una especie de mentor.
En fin, no sé cuántos dás, meses o años pasarán antes de que vuelva a escribir algo.

2 comentarios:

Orderonime dijo...

Elena!
soy Laura (de natación), es para decirte que he cambiado de blog y eso, te agrego, vale?


muá!

María Sanz [Akira] dijo...

Te acabo de agregar amigos ;)

Por ahora es una lista hasta que lo odene todo con banners y links ^^

Un beso y gracias por psarte :)